Hay momentos en los que sabes que estás a salvo, pero tu cuerpo no parece haberse enterado.
Puede aparecer ansiedad, tensión, hipervigilancia, necesidad de controlar lo que ocurre o una sensación constante de estar preparado para algo. En otras personas sucede lo contrario: se bloquean, se desconectan, sienten mucho cansancio o tienen dificultad para identificar lo que están sintiendo.
Desde una mirada basada en la regulación del sistema nervioso, estas respuestas se entienden como formas de protección.
El cuerpo intenta responder a lo que percibe como amenaza. A veces esa amenaza está en el presente. Otras veces la situación actual activa respuestas que se aprendieron en experiencias anteriores.

Primero entendemos cómo responde tu sistema
En las primeras sesiones observamos qué ocurre cuando aparece el malestar.
Nos interesa saber qué situaciones disparan la activación, qué notas en el cuerpo, qué pensamientos aparecen y qué haces para intentar sentirte mejor.
Por ejemplo, una persona puede notar que ante un conflicto empieza a hablar más rápido, se acelera, necesita resolverlo inmediatamente y le cuesta tolerar la incertidumbre.
Otra puede quedarse en blanco, desconectarse de lo que siente o notar que no tiene energía para reaccionar.
Aunque ambas estén viviendo una situación difícil, probablemente necesiten intervenciones diferentes.
Trabajamos la regulación antes de profundizar
Cuando existe mucha activación o desconexión, puede ser necesario trabajar primero en recuperar cierta estabilidad.
Podemos utilizar orientación al entorno, respiración, movimiento, grounding, contacto con sensaciones corporales o recursos de seguridad.
El objetivo no es obligarte a relajarte.
Buscamos que puedas notar lo que ocurre sin sentir que la experiencia te arrastra.
Con el tiempo, la persona empieza a reconocer antes las señales de activación. Puede detectar que su respiración cambia, que el cuerpo se tensa, que aparece urgencia o que empieza a desconectarse.
Ese reconocimiento permite intervenir antes de llegar al desbordamiento.
Cuando el presente activa experiencias del pasado
A veces la respuesta del sistema nervioso tiene sentido cuando conocemos la historia de la persona.
Puede ocurrir que una crítica actual genere una reacción muy intensa porque conecta con experiencias anteriores de rechazo, humillación o miedo.
También puede suceder en relaciones de pareja, situaciones laborales, conflictos familiares o momentos en los que la persona siente que pierde el control.
En estos casos podemos integrar EMDR.
Con EMDR trabajamos sobre recuerdos, imágenes, emociones, sensaciones corporales y creencias que siguen activándose en el presente.
Durante el procesamiento vamos observando continuamente cómo responde el cuerpo.
Si la activación aumenta demasiado, paramos y regulamos.
Si aparece desconexión, ajustamos el ritmo.
Si la persona puede seguir presente mientras entra en contacto con la experiencia, continuamos trabajando.
No buscamos forzar recuerdos ni avanzar más rápido de lo que el sistema puede tolerar.
El cuerpo también forma parte del proceso
Muchas experiencias emocionales se sienten físicamente antes de poder explicarlas con palabras.
Presión en el pecho.
Un nudo en el estómago.
Tensión en la mandíbula.
Sensación de vacío.
Necesidad de escapar.
Bloqueo.
Por eso, además del trabajo cognitivo y emocional, prestamos atención a lo que ocurre en el cuerpo.
El trabajo somático ayuda a reconocer estas señales y a ampliar poco a poco la capacidad de permanecer presente sin entrar inmediatamente en defensa.
¿Qué buscamos con este trabajo?
El objetivo no es permanecer siempre en calma.
Nuestro sistema nervioso necesita activarse cuando existe una amenaza real. La activación forma parte de nuestra capacidad de protegernos y adaptarnos.
El problema aparece cuando esa respuesta se activa con demasiada intensidad, con demasiada frecuencia o ante situaciones que ya no requieren el mismo nivel de protección.
En terapia buscamos que puedas reconocer mejor tus estados, entender qué los activa y recuperar con mayor facilidad una sensación de seguridad.
Con el tiempo, esto puede ayudarte a responder con más flexibilidad en situaciones que antes generaban ansiedad, bloqueo o desconexión.
En Elypsia Psicología integramos EMDR, trabajo somático, regulación emocional y trabajo con partes dentro de un plan terapéutico adaptado a cada persona. La intervención depende de tu historia, de lo que estás viviendo ahora y de cómo responde tu sistema durante el proceso. También puedes realizar este acompañamiento mediante nuestra terapia online.
